Pensé que solo eran cólicos
Chica a chica:
Tenía solo 13 años cuando entendí que el dolor que sentía cada mes no era normal. Recuerdo perfectamente un día en el colegio, cuando intentaba actuar como si nada pasara, como hacemos muchas veces las chicas cuando creemos que debemos aguantarlo todo, pero el dolor era tan fuerte que terminé perdiendo la conciencia. Caí al suelo, me golpeé la cabeza y desperté rodeada de personas intentando ayudarme mientras yo apenas podía entender qué estaba pasando.
Después me llevaron a emergencias y comenzaron a hacerme muchos análisis, porque no era la primera vez que algo así ocurría. Y fue ahí donde descubrieron algo que cambiaría muchas cosas en mi vida: tenía quistes. Escuchar eso siendo tan pequeña fue muy confuso. Recuerdo escuchar palabras que una adolescente nunca cree que tendrá que escuchar tan pronto. La posibilidad de operaciones, enfermedades hormonales y un cuerpo que parecía estar luchando constantemente contra sí mismo.
Y sinceramente… no ha sido fácil.
Con el tiempo llegaron más diagnósticos, más dudas y más días donde el dolor pesaba demasiado. Hay momentos donde el cuerpo simplemente se siente agotado y una se cansa de sentirse mal todo el tiempo. Creo que una de las cosas más difíciles fue darme cuenta de que muchas veces normalizamos dolores que no deberían ser normales. Nos acostumbramos a escuchar frases como: son solo cólicos o a todas nos pasa, mientras nuestro cuerpo está intentando pedir ayuda de alguna manera.
Sé que muchas chicas viven dolores intensos en silencio pensando que es normal sufrir así cada mes. Y no, no siempre lo es. Si que algo no está bien en tu cuerpo, por favor busca ayuda médica. Escucha a tu cuerpo. Obsérvalo. Cuídalo. No ignores las señales solo porque otros las minimicen.
A veces la verdadera valentía está en pedir ayuda, en descansar, en hacerte chequeos y en aprender a cuidar tu salud con más amor y menos exigencia. Porque tu cuerpo no está intentando arruinarte la vida. Tu cuerpo está intentando hablar contigo.
Y aunque todavía hay días difíciles, hoy intento tratarme con más paciencia. Escucharme más. Descansar sin culpa. Y recordar que Dios también sigue estando presente en medio de todo esto. Porque sí, Dios también está en las salas de emergencia, en los diagnósticos que asustan y en esas noches donde lloramos del dolor sin entender por qué nos está pasando algo así.
Así que si hoy estás atravesando algo parecido, quiero recordarte algo que a mí todavía me da paz: no estás sola. Mereces recibir ayuda, cuidado y amor, incluso en tus días más difíciles.
Y por favor, nunca tengas miedo de cuidar tu salud, porque cuidar de ti también es una forma de amor propio.
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo.”
Isaías 41:10
Nos vemos…
Comentarios
Publicar un comentario