Aprendí a no tomarme todo tan personal

De chica a chica:

Hubo una etapa de mi vida donde sentía que todo lo que los demás decían sobre mí se quedaba viviendo en mi cabeza. Cualquier comentario, mirada o pequeña burla parecía tener el poder de cambiar completamente la manera en que me veía a mí misma. Y creo que eso me pasaba porque siempre he sido una chica muy sensible.

Cuando era niña, era súper habladora, divertida y expresiva. Me encantaba reír fuerte, hacer tonterías y hablar de todo. Pero mientras fui creciendo, especialmente en la adolescencia, me volví mucho más reservada. En el colegio muchas veces me molestaban por ser muy callada, por no tener demasiadas amigas o simplemente por no ser como las demás chicas. Y aunque varias veces lo decían jugando, yo sí me lo tomaba personal.

Por mucho tiempo pensé que había algo malo en mí por ser así. Me preguntaba por qué me costaba tanto abrirme con algunas personas o por qué no lograba sentirme cómoda en todos lados. Hasta que con el tiempo entendí algo muy importante: no todo el mundo tiene acceso a todas las partes de nosotros.

Y eso está bien.

Porque la verdad es que yo sí soy muy alegre, divertida y habladora… pero solamente con las personas que me hacen sentir segura. Con las personas correctas mi personalidad sale sola, sin miedo, sin presión y sin sentir que debo cambiar para agradar.

Y creo que ahí entendí algo que cambió muchísimo mi manera de ver las amistades: las personas correctas no te hacen sentir insegura de ser tú.

Las amistades sanas no te apagan. No se burlan de lo que eres ni te hacen sentir “demasiado” o “insuficiente”. Al contrario, se sienten como un lugar seguro. Como paz. Como esa tranquilidad de saber que puedes ser tú misma sin tener que fingir.

Por eso hoy intento cuidar muchísimo mi corazón y también las personas que permito cerca de mí. Porque no todo comentario merece quedarse viviendo en nuestra mente y no todas las personas merecen acceso a nuestra energía.

Con los años también aprendí que no todo lo que dicen sobre nosotros es verdad. A veces las personas hablan desde sus propias heridas, inseguridades o inmadurez. Y si dejamos que cada palabra entre demasiado profundo en el corazón, terminamos olvidando quiénes somos realmente.

Por eso quiero recordarte algo que a mí me hubiera gustado entender antes: no necesitas cambiar quién eres para encajar en lugares donde nunca te sentiste segura.

No tienes que ser más ruidosa, más extrovertida o más parecida a otras chicas para ser valiosa. Dios no creó a todas iguales. Algunas somos más sensibles, más reservadas o tenemos círculos pequeños, y eso no nos hace menos especiales.

Rodéate de personas que sumen paz a tu vida, que te hagan sentir querida, escuchada y tranquila de ser tú misma. Personas que te acerquen a Dios y no a sentirte menos. Porque cuando estás con las personas correctas, ya no sientes presión por fingir.

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”
Proverbios 4:23

Nos vemos… 

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